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El caso por viajar más lento

El caso por viajar más lento

Hay un tipo de viaje que consiste en acumular países como si fueran medallas. Conozco personas que han estado en cincuenta, sesenta, setenta países. Cuando les preguntas por uno específico, a menudo recuerdan el hotel o el aeropuerto mejor que el lugar en sí.

No hay nada intrínsecamente malo en eso. Pero es un tipo de viaje que a mí, personalmente, ya no me interesa.

Qué significa viajar lento

La semana pasada estuve en Lisboa. No con un itinerario apretado, no corriendo de monumento en monumento. Alquilé un apartamento pequeño en el barrio de Mouraria durante diez días. Compré en el mercado cada mañana. Encontré una tostadería donde me conocían por el nombre al cuarto día.

Eso es lo que llamo viajar lento: quedarse el tiempo suficiente para que un lugar te empiece a resultar familiar.

La diferencia entre ver y entender

Puedes ver la Torre de Belém en veinte minutos. Puedes entender algo de Lisboa solo si te quedas el tiempo suficiente para que la lluvia te atrape en un café y tengas que pedir otra taza porque no quieres salir.

El turismo rápido te da imágenes. El viaje lento te da sensaciones. Las imágenes se olvidan. Las sensaciones, a veces, se quedan para siempre.

El argumento práctico

Hay también un argumento muy práctico para viajar más despacio: es más barato y más sostenible.

Cuando te quedas en un sitio durante días, alquilas un apartamento en vez de pagar hotel. Cocinas parte de las comidas. Te mueves como lo hace la gente local, no en tours. El dinero que gastas se distribuye de manera diferente, más directamente hacia la economía local.

Y vuelas menos. Si vas a un solo lugar durante dos semanas en vez de cuatro lugares durante la misma cantidad de tiempo, reduces el impacto ambiental de manera significativa.

Lo que te pierdes y lo que ganas

Viajando lento te pierdes variedad. No puedes decir que has estado en Grecia y en Turquía y en Croacia en dos semanas.

Lo que ganas es profundidad. Llegas a casa con una historia sobre una conversación con un pescador en el puerto en vez de doce fotos de doce templos.

A mí, la historia me parece más interesante.