Por qué ya no le tengo miedo al silencio
Pasé la mayor parte de mis veintes huyendo del silencio.
No de manera consciente. Era más sutil: siempre había un podcast en los auriculares, la televisión de fondo mientras cocinaba, la música en el metro. Ruido constante. Ruido elegido. Ruido que funcionaba como una armadura contra mi propia cabeza.
El momento en que me di cuenta
Fue en un refugio de montaña en los Pirineos. Había llegado solo, un poco antes que el resto del grupo. Me senté fuera con una taza de té y de repente no había nada. Ningún sonido excepto el viento y algún pájaro lejano.
Mi primer instinto fue sacar el teléfono.
Pero me di cuenta de lo que estaba haciendo justo antes de hacerlo. Así que no lo saqué. Me quedé ahí, con el té, con el viento, con los Pirineos delante de mí. Tres minutos que se sintieron como treinta.
Y después algo cambió.
El silencio como información
Lo que descubrí en esos tres minutos —y que he ido confirmando desde entonces— es que el silencio no está vacío. Está lleno de cosas que normalmente no escuchas porque hay demasiado ruido encima.
Pensamientos que llevan semanas esperando que les des espacio. Incomodidades pequeñas que has estado ignorando. Claridades que llegan cuando dejas de taparlas con contenido.
El silencio es incómodo porque es información. Y parte de la información que trae no es fácil de escuchar.
La dieta de ruido
Desde entonces he hecho algunos cambios pequeños pero constantes. Camino sin auriculares. Como solo sin pantalla. A veces conduzco sin música. No siempre. No de manera obsesiva. Pero sí con la consciencia de que el silencio tiene valor.
Lo interesante es que cuanto más silencio toleras, más cómodo te vuelves con él. Es como un músculo. Al principio duele. Después se vuelve natural.
Una pregunta para cerrar
La pregunta que me hago ahora cuando siento el impulso de poner algo a sonar es: ¿de qué me estoy escapando?
A veces la respuesta es: de nada, simplemente quiero música. Y eso está bien.
Pero otras veces la respuesta es más incómoda. Y eso también está bien. Es la única manera de enterarse.